Manifiesto a partir de palabras subrayadas leyendo «20 poemas para ser leídos en tranvía» de Oliverio Girondo

Yo no tengo ni deseo tener sangre de estatua,
ni una mirad corrosiva
ni patrios vacíos con el espanto de sus sombras.
No deseo un crepúsculo que sufra
ante lastres de la vereda,
ni brazos con olor al fracaso de cristales rasgados.
No deseo «el cansancio de ser feliz»
ni la tristeza de las noches en las que nos disimulamos.
No deseo a la luna fingiendo disgregarse en un canal
ni caminos que usen «de alfiletero al corazón».

Sólo deseo un pedazo de cielo,
un cielo simple,
un cansancio que nos purifique,
un invernáculo literario
«a riesgo de que el viaje termine para siempre».
Sólo deseo muchas tierras
que nos provoquen los gestos de una mariposa
y nos expandan la piel de los párpados.
Sólo deseo
«noches en las que súbitamente se comprende que no hay
ternura comparable, a la de acariciar algo que duerme.»

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