qué nadie nos salve

Si, pero quién nos salvará del fuego sordo…
De leer Cortázar e imaginarme una vida con vos, de la nada. De leerlo a Julio, mi amor, pensando cómo caminaba mientras escribía que caminaba por la Rue de Houchette. Pensando cómo pensaba él en olvidarse de ella, escribiendo que no iba a estar ni siquiera allí dentro, dentro suyo, la cárcel que la retiene.
Pienso una vida con vos mientras leo a Julito y escribo sobre los papeles en los que escribió “Salvo el crepúsculo” y el capítulo 7 de “Rayuela”. Y te miro a los lejos como se miran los poemas admirados de Julio. De lejos y con un huracán de trigo y fuego en el pecho, como estando sola la última noche de algún año en invierno, con luces de colores en el techo y con rostros que no son rostros y un lápiz en la mano.
¿Quién nos salvará del fuego sordo? ¿De perdernos entre palabras, entre poesías propias y de otros, propias y de Julito, mi amor…Mi amor?

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