La Desmesura

En “La Desmesura” no se lloran a los muertos. Se alegran todos, siempre, porque pasan a una nueva vida. Porque es vida, porque es nueva. En “La Desmesura” los adioses son apuestas a bienvenidas de intensidad incierta, pero imaginable. Los hombres que llegan, son hombres de corazón literario y están atravesados por figuras retóricas, por búsquedas y preguntas y devenires.

Ahí que es también acá, está prohibido obligar pero es obligatorio escribir.

En “La Desmesura”, los amantes se piden ‘la cruel ceremonia del tajo, la que nadie se pide: las espinas hasta el hueso’, porque saben que se ama con el cuerpo lleno de fuego. Los amantes saben que para verse como quieren, deben empezar por cerrar los ojos. Y así están las calles llenas de ojos cerrados buscando verdades y venas y tiempo. La gente va a “La Desmesura” a encontrarse con el tiempo.

-escrita en 2013-

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