Hacer redes que hagan comunidad de nuestra sociedad

Suena de fondo la canción “Nada se pierde, todo se transforma”

Tu beso se hizo calor

Luego el calor movimiento

Luego gota de sudor

Que se hizo vapor, luego viento

Que en un rincón de la rioja

Movió el aspa de un molino

Mientras se pisaba el vino

Que bebió tu boca roja

Tu boca roja en la mía

La copa que gira en mi mano

Y mientras el vino caía

Supe que de algún lejano rincón

De otra galaxia

El amor que me darías

Transformado volvería algún día

A darte las gracias

Cada uno da lo que recibe

Y luego recibe lo que da

Nada es más simple

No hay otra norma

Nada se pierde

Todo se transforma

https://www.youtube.com/watch?v=QfhEKpFiepM

 (1.05´)

 

 

 

Las leyes de la termodinámica, the tipping point, la teoría del caos, los seis grados de separación, la teoría de los grafos, Barthes hablando del lenguaje, de la cadena de significantes que se transmite de generación en generación, el capital social de Bourdie, la entropía y las redes neuronales, el concepto de economía circular, “los puntos se conectan hacia atrás”, dijo Steve Jobs. Sinapsis, neurociencia, protocolos de red, el blockchain, el ADN, “lo importante son los contactos”, nos vienen diciendo abuelos y padres, desde antaño. En resumen: Teoría de las redes.

 

Es que muy probablemente, todo lo que pueda contar, está contenido en alguna teoría. Alguien lo pensó, lo escribió para que otros lo reescriban, dialogando contemporáneamente o no, con ese primer escritor. Ahora… ese pensamiento, esta teoría se vuelve una bandera, cuando logra transformar vidas, cuando transforma rostros con nombres y apellidos.

 

Y un poco de eso, quiero que charlemos. De cómo la teoría de las redes, al menos logró transformar la mía.

 

Y de hecho, sólo con linkear los paneles existentes, se puede hacer el entramado sistémico. A Juanma lo conocí por un amigo y le presenté muchos mas. A Mati en la Bolsa de Comercio y hoy trabajo en la Bolsa porque alguien que trabaja hoy, con él, me presentó. Lucas quizás no se acuerda pero lo escuché cuando hice Naves en el IAE y en Endeavor conocí a mis grandes inspiradores, apenas empecé más de 10 años atrás Y así, la vida.

 

Brevemente y como resumen y aunque uno busca ser lo menos autoreferencial posible, soy de un pueblo del sur santafesino, Pujato, y hace 10 años me obsesioné con el poder de las redes sociales, lease internet tenían para cambiar, en primer instancia mi vida, que viviendo allí podía trabajar para Microsoft o Fundación Telefónica y por eso armé Huellas Digitales, un laboratorio de alfabetización móvil con el objetivo de enseñar tecnología para superar la brecha digital y que eso lograra, se superen otras brechas y luego se transformó en la primer empresa de impact sourcing de Latinoamérica.

 

La cosa es que el devenir de las redes me trajeron a co-fundar otro emprendimiento social, la Fundación de la Bolsa de Comercio de Rosario. La Bolsa es, como toda Bolsa, una institución con mucha espalda, justamente con mucha institucionalidad. Desde ahí, en equipo, empezamos a armar un proyecto cuyo objetivo central es la transformación de un paradigma. Pasar de la vinculación con la comunidad desde la caridad y la filantropía, a la sostenibilidad, entendida como la responsabilidad colectiva para generar el cambio.

 

Queríamos salir de Rosario. Y empezamos a trabajar con escuelas agrotécnicas y comunidades rurales de la Provincia de Santa Fe y armamos un programa que se llama AgroMakers. Es un encuentro que busca promover la innovación y generación de emprendimientos en escuelas agrotécnicas y sus comunidades rurales incentivando a los estudiantes a trabajar en equipo.

 

AgroMakers es un programa articulado entre la Fundación BCR y el Laboratorio de Innovación y Emprendimientos (LINE) de la Universidad Austral, cuyo objetivo es que los estudiantes desarrollen propuestas innovadoras ante desafíos que nos atraviesan hoy como sociedad.

 

Es una maratón de actividades, una jornada de creación colectiva, donde tienen que trabajar sobre tres ejes y desarrollar proyectos con la colaboración de mentores de la Comunidad, que luego “pitchean”. Se generan en esas instancias, comunidades de aprendizajes, convocando a empresarios, instituciones, profesionales a ser tutores

 

Nos pusimos a trabajar con varias escuelas pero quiero hablarles de una comunidad en particular donde realizamos estos eventos y donde además, empezamos a trabajar en el marco del abordaje de una contingencia que afectó a todo el Norte de la Provincia: las inundaciones. De Las Toscas y sus zonas aledañas quiero hablarles. Llegamos a Las Toscas y específicamente a conocer a Anita, a través de Andrea, una compañera del INTA local. Ahí las redes empezaron a operar de una manera mágica.

 

En Paraje San Juan, a 10 hs en auto de Buenos Aires surgió un proyecto para abordar una problemática paralela como eran las inundaciones. Si bien lo que nos había llevado hasta ahí era un evento de innovación, el rol desde la Fundación era estar atento a las necesidades del territorio. Lo que nos dijeron y ahí es el primer aprendizaje del territorio, que uno tiene que escuchar, era contar con agua. No era la problemática central sólo las inundaciones, sino qué pasaba, cuando ellas se iban. Y empezamos a construir aljibes. Es la tecnología que a ellos les hacía sentido y además comenzaron a trabajar ahí mismo en red, en comunidad, aprendiendo unos a otros y sobre todos las mujeres, el proceso constructivo.  ¿Por qué les cuento de los aljibes, del Paraje San Juan y de hackatones agro en comunidades rurales? Porque es la foto de lo que ocurre cuando pensamos en red. En la red, en su potencia. El viernes, este viernes que pasó, estuvimos con los referentes del Paraje San Juan en una jornada con una arquitecta argentina, viviendo hace más de 40 años en Israel que construye aldeas rurales a partir de un polímero que con nanotecnología, combinado con barro local, genera el material necesario e indestructible y a 250 usd el m2. ¿Y saben qué pasó? El match funcionó y se están abriendo posibilidades concretas de montar en el norte santafesino, comunidades como las que rescataron a miles de persona en Uganda. El Paraje San Juan, la extensionista del Inta, la comunidad de mujeres que con sus manos hacen los aljibes, matchearon con una empresaria de la construcción que nos dio cátedra: “En Israel lo que queremos, lo podemos inventar. Pero a pesar de eso, hay que volver a lo que nos hace humanos: la red, la familia, la tribu”.

 

Andrea nos llevó a Anita. Anita a Norma en Paraje San Juan. La Bolsa llevó a Pablo a Israel, donde conoció a Rosana, la arquitecta, a quien me presentó y quien presenté al Paraje San Juan.

 

Es que, nuevamente les aseguro, las teorías toman cuerpo, no sólo cuando a uno se le transforma la vida a través de los nodos que genera y que otras personas, generosamente ponen a disposición de uno o de sus proyectos, sino cuando hacemos lo mismo para con otros proyectos.

 

Por eso, mi vocación por la comunidad, por hacer de este mundo, un lugar mejor, un poquito mejor cada día, se sustenta en generar redes.

 

Es que el mundo duele, claramente y en mi caso, para reducir la ansiedad y combatir la opción simple de seguir lamentándome, entendí que había que poner las manos en ese mundo. Accionando, no sólo busco resolver más problemas de los que genera, sino reducir  automáticamente la ansiedad. Más movimiento, menos ansiedad. Nunca sin red. Siempre dependiendo de otros, en un mundo que tiende a la independencia, que prefiere evadir. No nos tiene que dar miedo la articulación, porque no podemos sin articulaciones.

 

Las redes bien paridas y por lo tanto bien intencionadas, generan un impacto exponencial. Un impacto que mientras más indimensionable es, mejor es. Cuando no podemos controlar el alcance, cuando perdemos dimensión del efecto directo o indirecto de las redes generadas, de las interconexiones sociales movilizadas a partir de una primera presentación, es cuanto más efectivas son.

 

Es que estoy convencida que la red, puede cambiar el rumbo de la vida de alguien. Los países con mayores índices de suicidio, por ejemplo, son aquellos donde se carece de sistemas de cohesión social, donde se carece de red: Lituana, Letonia, se llevan el primer lugar[1] . En contrapartida, cuánto más podría generarse, la generosidad de socializar a los que conocemos, la generosidad de poner la red al servicio de los otros, del mundo, trasforma a “nombres y apellidos”. La tecnología, no es el qué, es el cómo y es escuchar necesidades concretas. Necesidades necesarias para la comunidad beneficaria.

 

Las redes son un acto de confianza. En tecnología, sería un protocolo de handshake.  Por eso es importante cuidarlas. Alimentarlas. Promoverlas. Darles un sentido. Las redes son energía. Son tráfico, son puro circulante de activos. Aunque muchas veces, necesitan de interfaces, necesitan reentramarse para operar y sobre todas las cosas, para sostenerse.

 

Como los famosos “fueguitos” de Galeano, no todas las redes son iguales. Hay nodos más intensos, más potentes, hay nodos tipo arterias más limpias donde todo fluye, donde todo se exponencia y genera mayor escalabilidad. Hay otras redes, que destruyen. ¿A cuántas personas podríamos ayudar, si dispusieramos nuestras redes, para llegar a otros y resolver sus problemas, mientras compartimos lo que sabemos?[2] 

 

Las redes, generan más redes y en mi caso particular no sólo es una actividad compulsiva y un poco crónica, sino que es una forma de ver el mundo, una cosmovisión y bastante optimista, es una forma de transitarlo. Una vez, hace muy poco, una compañera de la facultad me dijo “no es lo que hago, es lo que soy”, refiriéndose a su calidad de investigadora, asumiendo que no podía ser de otra forma, que no podía no ser ella. Eso suele ocurrir/nos. Aunque muchas veces quisiéramos estar fuera de nosotros e incluso, a veces, lo necesitamos… en el fondo y no tan en el fondo, se trata de ser y hacer lo que somos. De ser y promover, lo que nos conmueve, lo que nos moviliza, lo que nos transforma y atraviesa, lo que no podríamos dejar de serhacer.

 

Cosmogonía diría Dalí, sistema de cosmos, donde se realiza el genio de cada uno. Un paradigma, como aquello que puede ser realizado solo al interior de sí mismo y adquiere significado. Somos lo que hacemos y en mi caso y en esta búsqueda de que lo (auto) referencial, promueva un mensaje que trascienda la propia historia, las redes se apropiaron de mi lógica, de mi forma de ver el mundo, de ese paradigma, de ese serhacer, de esa cosmogonía, de esa cosmovisión

 

Yo ya sé que no puedo no pensar en red, no puedo no articular.

 

 

 

CIERRE

¿Cuál es el fin último de las redes? ¿Para que nos sirve estar con otros? ¿Por qué necesitamos apalancarnos en la fuerza, en la energía de alguien más que nosotros mismos? ¿Por qué articulamos?  Quizás, como díría Borges, citando a el griego en el Cratilo, el nombre es el arquetipo de la cosa, en las letras de ‘rosa’ está la rosa y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’, como suele ocurrir, en la propia etimología de la palabra “red”, está todo dicho, está encerrada toda la cosmovisión, no sólo de una persona sino de miles en mundo.

 

Red viene del latín rete, retis que se la malla de hilo para pescar. De la misma raíz, emergente de la misma sangre linguistica, es la palabra retina. Hablando de redes,  de redes de pescar y por lo tanto de mar y de retinas, les comparto el cuento que me define, un cuento que, a mi entender, responde todas las preguntas de arriba.

 

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.

Viajaron al sur.

Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.

Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho[3] [4] [5]  caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.

Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:

—¡Ayúdame a mirar!

 

Para eso tendemos redes desde nuestra pre existencia, para que, en este mundo, complejo y muchas veces desarticulado, los otros… nos ayuden a mirar.


 

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