del otro lado (poema que quedó en borrador)

I

Andar. Las rayuelas. Los escapismos. El reojo cabizbajeano cuando te digo lo que no puede no decirse, cuando te incomodo con el coraje de expresar lo que no te animás a sentir. ¿O acaso lo sabés? ¿Alguna vez lo supiste? “Vos pensás demasiado, antes de hacer nada.” La Maga es el río pero vos siempre del otro lado, siempre un poco inalcanzable. ¿Será por el deseo?

Arena. Atardecer. Mucho mate, como la constante para sostener la primavera. “¿Cuándo vamos a ponernos frente a frente con eso que (ella) llamaba modestamente la vida?” ¿Cuándo se dará el salto? ¿Cuándo se pasará a su otro lado imaginado con la esperanza inocente, de que algún día sea “ese día”, sea la tranfiguración…?

Metafísica. Conexión. Oración. Universos. Destinos. Energía. Sea cual fuere la acepción, otra vez, los dos. A la mitad de la partida de ajedrez. ¿Cuántos abrazos, ya nos ahorramos?

Es que no ves(mos) que no es obligatoria la complejidad retorcida de forzar a un buen momento, de no serlo. “Siempre queriendo hacer más problemas donde no hay”. Al fin y al cabo, nos separan unas horas, solo unas pocas, para el entendimiento de esta dialécita crónica sobre “vos y tus miedos”, “yo y mis corajes.”

¿Te das cuenta? ¿Nos damos cuenta de las trabas que nos dejan boca abajo?

El tiempo es un invento tan extraño. Y vos tenés el tuyo, al que hay que cuidarlo. Al que hay que irle de costado. ¿Será de ese color, la nostalgia? ¿Como al tiempo….te habré inventado? O quizás todo es más simple, más mundano. Quizás no haya de eso que tantos, han relatado…“Les gustaba desafiar el peligro, de no encontrarse.” Pero ya nos tenían los calendarios confundidos, de las veces que el vaivén de las inseguridades, nos habían cruzado. 

Laberintos. Desdén. La cosa fortuita. Que no exista lo fortuito. El ardor de la revolución. No quedarse con el ardor de la pregunta. Burlar las diferencias y lo establecido. Temblar de a ratos. La evasión a la simpleza de vivir la piel solita, la piel gritona y cansada del silencio anestesiante.

De repente hay sol o un poco mejor, hay luna. La noche y sus luciérnagas, siempre fueron mejor que el día para oír al “rayo que te deja estaqueado a la mitad del patio.”

 

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