De cuando rozamos las mecas de la innovación

 

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
-¡Ayúdame a mirar!

Semtive y la propuesta de transformar el sistema de distribución de la energía, Singularity University y su objetivo certero de crear un mundo más innovador, Stanford y su excelencia en cada esquina, Draper Network como -justamente- la red que invierte en startups de todo el mundo (y el anclaje local con DraperCygnus), Xapo , el bitcoin y el internet de dinero, Golden Seeds y la implicancia de los Ventures Capital, Inversores Ángeles en el crecimiento de las empresas, Google X y la apuesta a desarrollos para salvar a la humanidad, Puente Labs y el ecosistema que amortigua a emprendedores latinos a lanzarse en California, RocketSpace como alternativa a trabajar desde y en, la “open innovation”, Indie Bio y sus procesos de aceleración de proyectos biotecnologicos, Hampton Creek  y los alimentos a base de células cultivadas, El Centro de innovación de la Universidad de  Illinois y el vínculo intrínseco entre la academia y los negocios.

 

Así y en ese orden, y con la intensidad como bandera y esa necesidad, como en el cuento de Galeano de ayudarnos a mirar, fue lo que vivimos en nuestro paso por Sillicon Valley. Un viaje que realizamos con un grupo de referentes del agro y la industria financiera, de la mano de la Bolsa de Comercio de Rosario y específicamente de un área que creamos hace muy poco, BCR Innova.
¿Qué aprendimos de ver de cerca a la meca de la innovación? Que todo se comparte, lo deseable queda a dos grados de separación, que en el bar podes cruzarte con el CFO de Uber o el founder de Salesforce o el principal inversor de Skype. O mejor aún, vas a conocer su universidad y te lo topas de rebote. Todos compiten también, tan bien! Y lo hacen todo el tiempo. El mercado laboral es feroz y la rotación de los puestos de trabajo, es crónica. Nadie se queda mucho tiempo en un lugar si no le aporta sentido o en el que no puede aportar sentido. El sentido, es irrenunciable. En Sillicon Valley todos piensan en hacer negocios. Negocios mundiales y al mismo tiempo, negocios que cambien el mundo. El error es una condición sabida, probable, extremadamente probable. Una aceleradora sabe que de 20 proyectos en los que invierte, probablemente solo uno salga adelante, con lo cual la tasa de éxito, es chica pero alcanzable. Y en la pelea por ser ese 1/20, todos están, cada día. El altruismo se vincula de manera intrínseca con las finanzas, con las especulaciones y con los unicornios que son reales y ficticios.
El ecosistema es una construcción social permanente, una red de intercambios con una sinapsis exponencial donde se va consolidando una cultura innovadora y donde, en algún punto, se termina de definir a la innovación. Están cerca de la singularidad. Mirando lo que ocurre, se termina de entender por donde va la cosa. Y por donde va en unos 30 años. Todos están unos cuantos años adelantados.
En el valle, están apurados y usan zapatillas. Menos es más. El coworking, el desorden (el orden vital, diría Piaget) , los post its, las paredes escritas, la recuperación de galpones para armar espacios de trabajo rústicos y con techos tan altos como sus aspiraciones, son casi una constante del espacio físico que juega otro rol clave a la hora de “sentarse” a innovar. Los lugares como contexto en si mismo, son condicionantes. Son promotores o limitantes de lo que puede suceder.

Aprendimos que las ideas son líquidas, abundantes, se reproducen, se patentan, y como nos contaron, “puede en simultáneo, una misma idea estar siendo pensada por 3 o 4 empresas al mismo tiempo. Lo que cuenta es la ejecución.” Los proyectos hackean el sentido de lo posible. Y como citará Nacho Plaza “cuando nada es seguro, todo es posible”
En Argentina pareciera que no están dadas las condiciones a pleno para explotar la innovación porque siempre hay mucho para resolver, más del carácter de lo urgente, de la contingencia que no te da tiempo para la reflexión y provocación de “moonshots”. (El video es imperdible, super movilizador!)

Pero yo no lo creo. Hay gente, hay proyectos, hay algunas vagas estrategias que deberíamos pasar en limpio y pensar a más años, hay sobre todo, una gran capacidad para la reisiliencia, para remarla como sea y salir adelante, para ir cuesta arriba. Hay mucho para corregir, para mejorar. Innovar implica romper paradigmas y repensar formatos. Implica dejar de lado las improvisaciones. Innovar es una decisión política. Implica trabajar duro y parejo y generosamente y con los ojos puestos en saber que muchas veces vamos a estar trabajando con problemáticas que se van a resolver aunque no sepamos cómo…

No alcanza con pensar en lo regional. Las ideas que explotan, tienen los ojos puestos en la comunidad global.  Hay que estar siempre estirando el horizonte.
Como todas las cosas Sillicon Valley también es un relato de si mismo , contado por quienes lo viven o lo circulan. Y en los relatos se juega siempre una cuota de realidad y una gran cuota de interpretación (y marketing) de lo que sucede. Tampoco resulta coherente emularlo, o volver al país queriendo ser la analogía sudamericana de la versión que entendemos de la meca de la innovación. Y en este punto, no sé si se trata de una cuestión de posibilidad sino de elección. Podemos elegir ser una Argentina innovadora. Con nuestras particulares, con nuestros riesgos y también nuestras bellezas a cuesta
Lo que vale, lo que, a mi criterio más cuenta de este viaje de inmersión, es que podamos sentirnos interpelados e inspirados para hacer desde nuestro lugar, lo mejor posible, para encarnar seriamente lo que nos contaron cómo parte de la filosofía de Google X: “enamorarse de los problemas y saber que la innovación, es un trabajo en equipo.” Porque, al fin y al cabo, de eso se trata este desafío: de motivar y conmover que no es más ni menos, que “moverse con otros.”

 

Singularity

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