la caridá

Ellos le decían que es caridad.

Que no puede ser, que la culpa es de ella, que no es que son «los chicos».

Ellos le dicen que hace caridad.

Que no tiene por qué hablarles. Que no es una obligación ser simpática ni andar con la sonrisa y la charla por la vida. Animando otras vidas.

Ellos dicen que se trata de la caridad en esencia.

Que es una manifestación de una bondad hiperactiva e imposibilitada de silencios y quietudes.

Ellos son sus amigos.

Y no se cansan de decirle que, como no puede estar haciendo la nada misma, los sábados a la noche habla con los más feos, con los más pesados, con los menos agraciados.

Ella, sigue así.

Sin saber por qué y por cuánto tiempo, hará un mal uso de sus salidas nocturnas y del espacio de ejercicio de caridad.

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