lo que pasa

crecerjuntosnodarmasdeamornecesitarlaespaldalapalabralavozlaesperanzasusnecesidadesloquequiereloquedecideloquemiraloqueayuda

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peace

él le dijo que su pasión era escucharla

que mirar

cada

sonrisa

y cada viento

le despertaba toda la felicidad del alma

él le dijo que la extrañaba

siempre

y que

cuidar

acompañar

ver con ella

ver todo con ella

era su objetivo.

le dio la cinta de capitana

le dio la espalda para que apoye todo

para que apoye su tiempo

se animó a invitarla

a dejar lo miedos

se animó a un torbellino de palabras.

se animó a esperarla.

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ph: maxi mastrangelo

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España – Día II

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la existencia

la mera existencia

lo que golpea

lo que se lleva

lo que deja sanar. lo que deja salvar.

el mar

siempre tan mar.

tan existencia

ph: maxi mastrangelo

uno

que estés

es un

buen lugar

dos

el amor es también

una consecuencia

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España – Día I

yo no estoy

aún,

ahí.

pero desde acá, “lo ayudo a mirar”

y veo esto

que es ese instante

en el que la opción más pura

es enmudecer de belleza.IMG-20140304-WA000ph: maxi mastrangelo

sobre la desesperación de la hora de la boca abierta

acá te enseñan a pecar

dijo mi

abuela

ansiedad

Catarata. Tobogán. Una montaña que se desploma. En picada. Mirando el suelo con los ojos abiertos. Arden. Viento. El vacíooooooextendidoylavelocidad. El piso.

como si se pudiera elegir

“Como si se pudiese elegir en el amor,

como si no fuera un rayo que te parte los huesos

y te deja estaqueado en la mitad del patio”

Rayuela  – Julio Cortázar

 

Había pasado mucho tiempo, mucho pero mucho.

Mucho tiempo intensivo. Interior. Intempestivo. Muchos tiempos y procesiones en  su cabeza, la habían poblado de demonios inventados, de versos lluviosos  y malparidos , de rasguños atiborrados de carnavales.

Habían pasado muchos caminos, muchos pero muchos. Psicólogos que miraban al piso, curas misioneros, flores, terapias, retiros, caminatas, corridas, conversaciones con unos y otros, con hoy, con mañana. Con los pasados pisados. Y con lo que pisado, aún le pesaba.

Había leído a Sabato, a Simone de Beauvior, a Osho y a Shakespeare. A Cervantes. A Girondo. Lloró con novelas románticas y predecibles, con aguafuertes de revista, con frases hechas, viralizadas y desgastadas. Se cantó todas las penas, en todos los estilos. Fue a recitales multitudinarios, frenéticos e irracionales. Y visitó mezquitas y montañas tan remotas e innombrables, como nunca pudo haber imaginado. Estuvo en silencio. Algunas veces. Gritó hasta sangrar, otras tantas. Se miró a los ojos. Esquivó sus propios abrazos. Sintió la humedad de sus venas.

Se sintió abúlica, paranoica, coherente, consciente, apasionada. Curiosa. Suicida. Reinventada. Lobo. Cordero. Perdonó a sus demonios. Creyó que nunca nadie, podía creer en ella. Y creyó también, que todos adulaban su capacidad, su retórica, su inteligencia. Dibujó algunos príncipes negros. Los quiso lo suficiente, como para que la dejaran. Como para que la extrañaran inmovilizados. Desde las veredas de enfrente. Insultó a Eros. A Agape. Bailó de la mano del fuego y del viento de Iansá.

Conoció el mar y sufrió en simultáneo, en paralelo, al unísono, por su lejanía. Volvió al pueblo. Se aburrió hasta entender lo incomprensible del hecho. Lo natural del hecho. Pero insistió con enamorarse de sus calles de tierra y de su sensación a las 7 de la tarde.

Promovió la paz. La rebelión. Siempre fue revolucionaria.  Siempre pensó en su familia.

Nació con fe. La fue cuestionando. La siguió eligiendo. Se confesó. Volvió a tener ganas, de tener ganas. De recuperar, sostener y bendecir, el valiente y milagroso estado de  la alegría.

Se imaginó su propio aleph, en su pieza del fondo.

Hasta que un domingo, como el amor en “Rayuela”,  que no se elige… eligió escribir su propia historia. Se arremangó un par de años e intentos, se preparó el mate, lo llenó de azúcar. De coraje. De vecindad. Y la historia, ya nunca más, fue la misma. Nunca más pudo serla. Porque escribió. Volvió a la literatura. Sabiendo que se escribe para no morir, para no olvidar, para resistir, para permanecer, para amar… Sabiendo que escribir era su cura, su destino, su ineludible misión en un mundo caótico y vulnerable. Sabiendo que escribir, era la medida de su tiempo.

 

caminante

Vivir. Caminar. Respirar. Construir. Creer. Reinventar. Querer. Decidir. Asumir. Verbalizar. Abrazar. Mirar. Crecer. Perdonar. Vivir.